sábado

En papel



Así lo vieron nuestros lectores en el papel!

Verde que te quiero verde - Macedo


Un recorrido por las plantaciones de Kiwi de Macedo.

Primero que todo hubo manzanas, los famosos manzanares de Macedo. Luego se cambió la plantación a duraznos y desde el '87 hay kiwi. Esto se debió a que los costos de mantenimiento del durazno eran muy altos.
Actualmente hay dos emprendimientos que realizan la producción, nosotros visitamos la denominada “Makiwi” que tiene 40 hectáreas y produce seiscientos mil kilos de kiwi. La otra productora se encuentra pegada a ésta y tan sólo está dividida por cortinas de cipreses. Esta otra consta de otras cincuenta hectáreas. Sólo un porcentaje se exporta al exterior del país, el resto se lleva a Buenos Aires para su redistribución. Los países a los que se exporta kiwi son España, Alemania y ahora los que más demandan son los italianos.
La Actinidia chinensis, kiwi, es una planta trepadora, parecida a la parra. Las ramas pueden llegar a los 12 metros de extensión, lo que obliga a una poda constante. Las variedades principales son: hayward, abbott, bruno y monty.
El kiwi es una fruta que hasta principios del 1900 era una planta silvestre que crecía en los bosques de China. Europa lo conoce recién en 1847 y si bien a principios del siglo XX los jardines botánicos de Londres y París, ya cultivaban el kiwi, fue después de la II Guerra Mundial (1945), cuando su cultivo se extendió por el mundo. En esa época se inició su plantación en gran escala en Nueva Zelanda. Fue allí donde recibió su nombre popular “kiwi” en un homenaje al pájaro-símbolo del país.
Actualmente, las plantaciones de kiwi se extienden desde África a Europa. También se cultiva en California y por su puesto en Argentina. En el sur de Asia, Siberia y Japón, aparece muchas veces en estado salvaje.
En el principio
Las primeras plantas, de variedad hayward, fueron traídas a Macedo de Nueva Zelanda. Y si quisieran ampliar la producción también tendrían que traer los plantines. Una planta demora entre 2 y 3 años en producir frutos. El tratamiento del kiwi no es un secreto, pero si exige mucha dedicación, trabajo. El kiwi necesita temperaturas iguales o inferiores a los 15 grados, mucha agua y ausencia de vientos y granizo (las hojas se quiebran con facilidad) además de una luminosidad poco intensa. Mar del Plata, La Plata son otros lugares donde se produce kiwi y no tuvo buenos resultados en otros lugares como Córdoba.

Flores
Por el mes de noviembre empiezan a surgir sus flores pequeñas blancas y amarillas. La planta tiene una especie masculina y otra femenina. La planta masculina florece dos semanas antes que la femenina. Antes se traían colmenas y se las ubicaba cerca de las plantaciones para que las abejas hegan por sí solas el trabajo de polenización. Pero las posibilidades se reducían si estaba nublado (hay que tener en cuanta que sólo se puede realizar la polinización en una semana). Ahora lo que se hace es cosechar la flor macho, se manda a hacer el polen a Gesell y después se poliniza manualmente a la flor hembra: flor por flor. Es una semana en que si no se hace se pierde el kiwi.
Cosecha
En diciembre y enero empieza a desarrollarse la fruta y se cosecha de abril a mayo. Debido a que este año cayó granizo, la fruta se dañó y la producción va a ser mucho menor.
En la empresa trabajan quince personas y para la cosecha se contratan a otras veinte más de la zona. En total con las dos empresas kiwales se calcula que unas cien personas tiene trabajo en época de cosecha.
Con un refractómetro se toma el grado de azúcar, cuando llega a una medida, se lo retira de la planta. Los cálculos tienen que estar bien hechos porque, por ejemplo, a Italia tarda cuarenta días en llegar. Se necesita cosechar un tamaño grande ya que para exportación no aceptan pequeños.
Una vez cosechados los kiwis, se podan las ramas y se dejan las ramas verdes del año que viene. A éstas se las enganchan en los alambres como estaban las anteriores podadas.
En un tiempo se procesaban aquí, pero como los costos para la exportación subieron al igual que los controles, se envía lo cosechado a Baradero.
Mantenimiento
Por los cuidados que necesita, tiene un alto costo. Un técnico agrónomo viene de Baradero una vez por mes a controlar la producción. Ahora por ejemplo, podemos observar a la planta con sus frutos y a su vez los nuevos tallos, verdes, donde el año que viene saldrán las flores.
En un principio las plantas estaban en forma individual, sistema tibar; pero desde hace unos años se las ordena en forma de pérgolas. Así se crean grandes pasillos formados por dos hileras de plantas, donde los frutos penden en el medio y su cosecha es más cómoda. Cada planta tiene su regador artificial y necesita treinta litros de agua por día.
En Macedo utilizan fertilizantes y pesticidas. Se le da nitrógeno, potasio para el gusto y calcio para que tenga durabilidad. Uno de los enemigos naturales es una isoca que devora el fruto rápidamente. La utilización de pesticidas tiene que ser sumamente controlada ya que en los países extranjeros, en caso de quedar algún residuo, se devuelve la producción entera.
En el verano, cuando ya están los frutos creciendo, se realiza también una poda. Con ésta lo que se busca es que llegue cierta luz a los frutos, ni mucha ni poca.

Así es que, aquí nomás tenemos plantaciones de una fruta sumamente nutritiva. Sin embargo los sistemas de comercialización obligan a llevarla al exterior, por réditos económicos, o a Buenos Aires para su posterior redistribución. En la planta nos dijeron que se importa kiwi también de otros países y nos parece increíble: comprar a otros lo que ya tenemos en el país, y por supuesto a un costo elevadísimo. Todo un tema para pensar...

Siempre fue así - Macedo

Pequeño diálogo con Isabel que lleva adelante el almacén de la Estación Macedo.

Hemos salido de Gesell y tomamos para la zona del cementerio. Hasta allí nos acompañó el asfalto, lo que sigue es camino de tierra. El polvo se levanta y arremolina a nuestro paso. En un tramo están desmontando las pocas arboledas que se conservan. Cuesta imaginar que en toda esta región había grandes espacios de arboleda cerrada, de monte. Izquierda, derecha, izquierda, así de simple se llega a Macedo y pasando el kiwal, a la Estación, la antigua estación de tren.
La estación está, desde hace muchos años, convertida en vivienda y almacén. Todavía se conservan los dos carteles de madera tallada: Macedo. Aunque cada cartel, que dista de menos de cincuenta metros, pertenezca a una propiedad distinta. Las vías de hierro son un fantasma que asoma entre el paso cortado o duerme entre los grande yuyales. La construcción deteriorada por el paso del tiempo sin mantenimiento es del estilo inglés, ya que éstos son los que trajeron el tren a la zona. Los ladrillos en las esquinas y en las bases, las puertas y ventanas de un color celeste clarito. Todo intenta mantenerse en pie. El viento suena al pasar por entre los antiguos sistemas de electricidad y despierta el recuerdo del silbato del tren...

Allí en esa Estación de recuerdos vive Isabel, quien atiende desde hace 26 años el almacén que aprovisiona a las familias de toda la zona, que no son pocas.
Manuel y Corina eran dueños de campo, se dedicaban a la agricultura y a las plantaciones de citrus en Montes Casero, Corriente. Allí trabajaba toda la familia: los padres más sus seis hijos, entre los que se encontraba Isabel.
¿Cómo surgió la idea de venir acá? “Y son esas cosas que pasan en la vida, que decís hoy me voy y me voy...” En principio llegaron a Gesell y trabajaron en el Hotel Verona, luego le ofertaron reabrir el almacén de la Estación de Macedo que había cerrado y se vinieron.
La decisión de venir la tomaron de adultos. Isabel ya tenía siete hijos y estaba casada, hace un año que quedó viuda pero llegó a tener 54 años de matrimonio. Cuatro de los hijos se vinieron con ella, la más chiquita tenía siete años cuando llegaron. Los otros tres ya estaban casados y se quedaron en Corrientes. También con ella vinieron algunos de sus hermanos.
El terreno del almacén se introduce sólo unos pocos metros en las vías como si quisiera sacarle una tajada caprichosa. “Cuando vine estaba así, nosotros lo único que hacemos es mantener cortado el pasto”

Charlamos y un gato deja que la gravedad lo aplaste al piso, los gallos y gallinas caminan por ahí un poco curioseando. Me imagino que son aquellos gallos los que la despiertan a Isabel a la mañana ya que a las seis está abierto el almacén, por lo que ella a las cinco y media está arriba. El almacén tiene todo lo necesario para serlo y ella aprovisiona además de pollos y chorizos que trae de Gesell y Tandil. Los sábados y domingos prepara unas empanadas que gustosos compran turistas y lugareños.

Sus hijos y nietos han ido a la escuelita de Macedo, dos de sus hijas han sido embaladoras cuando estaban las plantaciones de duraznos. Algo muy lejano en la tonada se filtra, pero ella ya está afirmada a Macedo y lo hace saber “Es una zona linda, gente muy buena. Yo dese cuenta que para mí es todo familia acá. Nos conocemos todos. Se despachan ellos, no hay gente mala, muy buena gente.”

Le preguntamos si la población en la zona crece o disminuye. “Hay más familias que se establecen porque hay dos empresas de kiwal. Pero nadie te vende nada, aunque pidás una hectárea nadie te vende nada, porque son de mucho valor. La tierra es muy buena ¿no ves que produce de todo?”

Isabel no sabe desde hace cuánto que está la estación construida, ella misma se ha tomado el trabajo de buscar en la construcción algún número, pero nada. “Es una rareza. Me dijeron que en la escuela está, pero nunca fui porque hay que ir a leer y todo eso...”

Un hombre entra se aprovisiona de pan, saluda afectuosamente y sale. El gato no se enteró siquiera.
Si tiene que recibir alguna atención hospitalaria Isabel viaja hasta Madariaga, unos treinta kilómetros. Los días de lluvia, Isabel, sin movilidad, no puede salir por los caminos anegados, pero ella no protesta y sonríe. “Uno se acostumbra. Siempre fue así.”